Disfunción en la relación…

¿Tienen algún parecido la relación sexual y la relación médico paciente? Ambas son algo íntimo sí, pero hay más parecidos… Permítanme el juego.

Disfunciones en la relación sexual relación médico-paciente

A veces el médico va muy rápido, habla poco, no mira al paciente, lo toca explora poco o nada… y le da rápidamente un tratamiento, muy probablemente farmacológico y abundante. Estamos ante un caso de “Medicalización precoz”, en la que el médico acaba muy rápido y no deja satisfecho al paciente.

Otras veces el médico tiene ganas pero le faltan recursos (tiempo, materiales, formación…), no tiene capacidad y sencillamente la relación no puede llevarse a cabo. La “Consulta Impotente” no deja satisfecha a nadie y el médico va perdiendo por completo la motivación y las ganas de volver a intentarlo.

En ocasiones, la consulta se desarrolla bien, con normalidad. Médico y paciente están satisfechos… pero, el final no es como esta previsto. Falta algo. El paciente quería un tratamiento o una solución que el médico no le ofrece o no le puede ofrecer. Todo iba bien, pero al final fue una “Consulta Interruptus”.

En otras, nada en la consulta funciona, el médico no sabe lo que el paciente necesita, el paciente no está cómodo, la consulta es fría, la relación no es fluida… Y en esos casos, aunque ninguno queda satisfecho, es el paciente el que más sufre y sale de allí sin ningunas ganas de repetir. Es la “Disconsulteunia” (Consulta dolorosa).

Y a menudo, nada sale mal pero tampoco es especial. La relación es rutinaria. Como siempre. Y tiene lugar… porque tiene que ocurrir. Así, se seguirá sucediendo pero poco a poco satisfará menos a ambos. Es la “Consulta monótona”.

¿Cómo mejorarlas?

La consulta es algo que ha ocurrido y volverá a suceder. Puede ser algo gratificante para ambos. Por lo tanto, lo mejor es que nos relajemos y disfrutemos.

Médico: tómate tu tiempo (aunque no te sobre), aprovecha los recursos que tengas y busca otros nuevos, trata de que el paciente tenga claro que la consulta no tiene que acabar siempre igual y, sobretodo, entiéndelo, ponte en su lugar y pregúntale qué quiere. Y recuerda, puedes innovar. En la medida en la que trates de cambiar las cosas podrás ir a mejor.

Paciente: no tengas miedo a pedir al médico lo que quieres, dile si algo te gusta y saca el máximo partido de vuestra relación. Y por supuesto, puedes debes tomar la iniciativa. Estamos en el siglo XXI y aquella relación clásica el médico paternalista ha quedado muy atrás. Toma tu papel en la relación y decide. Nada se hará sin consultarte ni sin que tú lo quieras.

NOTA: Obviamente no pretendo otra cosa que arrancar alguna sonrisa y de paso invitarnos a todos a reflexionar sobre la consulta médica, algunos de sus problemas y todo lo que nos puede hacer disfrutar… ¿Y tú? ¿Disfrutas con tu relación?;O).

No siempre hay que tratar

El acto médico, tal y como lo entendemos tanto sanitarios como pacientes termina con la emisión de un tratamiento o plan terapéutico. Es el final de un proceso que comienza con el motivo de consulta que hace venir al paciente, se sigue de una entrevista, posteriormente una exploración física, pruebas complementarias (radiografías, análisis, electrocardiograma…) si son precisas, la emisión de un diagnóstico (no siempre) y, al final… el tratamiento. Eso es y ha sido clásicamente así pero, tengo la sensación de que se ha vuelto algo perverso.

¿Y dónde radica la perversión?

En que hemos asociado el tratamiento con algo activo por parte del paciente, con hacer necesariamente algo y, fundamentalmente, con la toma de medicación. Hasta tal punto es así que a veces, si no termina la consulta con esta fase es vivido por el paciente y, por ende, por el médico como algo incompleto o insatisfactorio. Y nada más lejos de la realidad…

El paciente por su parte, espera que exista esa “pastilla mágica” que pueda quitarle ese dolor, esa molestia, esa queja o preocupación… no deja de ser la solución más rápida al problema. Pero no siempre a menudo no existe. La sociedad en que vivimos nos ha grabado en nuestra mente que “algo tiene que haber“. Y no es así.

El médico, movido por esa inercia, por esa demanda frecuente del paciente, entra en esa misma dinámica y puede vivir la consulta como una “Consulta interruptus” por no dar al paciente lo que cree que espera.

¿Y cómo se arregla?

Los médicos:
- Debemos cambiar el chip y no sentirnos obligados a dar un tratamiento.
- Recordar que no todos los pacientes vienen buscando una pastilla.
- Informar al paciente de lo que le ocurre y las posibles alternativas de tratamiento: Si es necesario/recomendable tomar una medicación (por ejemplo un antibiótico para una infección de orina) o si es una opción pero algo no necesario porque la enfermedad tiende a la resolución espontánea (por ejemplo, analésicos en un dolor de garganta) y recordar que no necesariamente el tratamiento debe ser un medicamento…. En cualquier caso, informar al paciente de las opciones y de la prevista evolución de la enfermedad para que él decida.

Los pacientes: Les recomiendo que, cuando acudan a consulta, les recuerden a su médico que sólo quieren tomar el tratamiento si es necesario, para que no se sienta obligado a “mandarle algo” y asumir la responsabilidad en su tratamiento. De esta forma puede evitar el riesgo de ser sobremedicado…

- Tiene usted una faringitis aguda. Tómese paracetamol cada 8 horas y, si no es suficiente, puede tomar también ibuprofeno…

- ¿Pero es necesario tomarlo?

- Necesario, no. La faringitis va a durar lo mismo lo tome o no. El tratamiento es para aliviar los síntomas. Pero a veces le alivia más un vaso de leche caliente… Y si en algún momento el dolor es más intenso, puede tomar algún comprimido.

- Vale. Me tomaré la leche caliente…

Causalidad o casualidad

“Doctor, mándeme usted antibióticos que si no a mí no se me quita la gripe. El año pasado me pasó, estuve 4 días con fiebre hasta que por fin de tomé la amoxicilina y al día siguiente ya estaba sin fiebre”.

Afirmaciones como esta son relativamente frecuentes en la consulta y aunque pueda parecer un planteamiento lógico, no lo es tanto. ¿A qué obedece esta confusión? A una mal entendida “causalidad” que en este caso, en realidad, es más una “casualidad”. Y no es lo mismo.

¿Qué pasó esa vez?

Pues que, ese día, entre el 4º y 5º de evolución de su cuadro gripal la fiebre cedió, y cedió porque tenía que ceder. Porque tocaba que cediera. Y “casualmente” coincidió con las primeras tomas de un antibiótico que, asumiendo que era una gripe, no estaba bien indicado. O lo que es lo mismo, que no mejoró gracias al antibiótico, sino mas bien a pesar del antibiótico.

¿Sí? Pues parece lógico.

Sí, parece lógico llegar a la conclusión que la toma del antibiótico y la retirada de la fiebre, en este caso, tengan relación causa-efecto. Pero parece eso porque estamos basando nuestro razonamiento en uno sólo de los principios de causa efecto, la llamada “secuencia temporal” que aun siendo imprescindible en toda relación causal, no es suficiente. Debe haber otras. Así, si hoy por la noche ceno revuelto de setas y mañana llego tarde al trabajo, no sería relación causal. ¿O sí?. Depende de que haya otros criterios como la consistencia, la especificidad, la relación dosis-respuesta, coherencia, evidencia experimental…

La toma de antibióticos y la mejoría de la gripe no cumple ninguno de los otros criterios, no es consistente, ni coherente, ni se ha demostrado experimentalmente, ni es plausible… Por lo tanto, no debemos asumir que existe relación causa-efecto sólo por su relación temporal.

Igual ocurre con el revuelto de setas y mi retraso al trabajo (salvo si las setas estaban en mal estado y me provocaran vómitos y diarrea toda la noche, incluso en esa misma mañana ;P … que sí cumpliría otros criterios).

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