Esta sociedad y esta época en la que vivimos intenta siempre deslumbrarnos con los grandes avances que se logran. Así, poco a poco, se va formando dentro de nuestro subsconciente la idea de que “algo tiene que haber” para eso que nos molesta o incomoda. Y es que parece razonable: Si son capaces de trasplantar una cara ¿cómo no se va a poder curar mi gripe?.
Pues no, no se puede, hay que pasarla. No, la amoxicilina tampoco la cura. No, aunque el año pasado mejoraras tras tomarte un resto que tenías en casa… Aprovecha esos días para descansar y leer un poco en los momentos en que la fiebre te da un descanso y permite que uses tus ojos sin sentirlos muy cargados.
No siempre hay algo. Y no siempre eso que queremos remediar es tan banal como una gripe (o cuadro gripal, que son los más). Tenemos que recuperar nuestra capacidad de aceptar que no todo lo que nos ocurre (y la salud no es una excepción) tiene una solución. Bueno, sí la tiene. La solución es, en esos casos, aceptar que no la tiene. Y vivir.





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