Conflicto interior

Desde mis inicios como médico de familia he sido un defensor de la prescripción por principio activo. Y, de hecho, más del 90% de mis recetas eran emitidas de esta forma. Es algo que llevaba a gala y de los que me sentía orgulloso. Es sí, siempre esperé que, para que el éxito fuera completo, la administración pusiera algo de su parte:

Garantizara la bioequivalencia (todos los fármacos con la misma composición, sean de la marca que sean, hacen el mismo efecto): Si no es así, recetar principio activo sería una estafa.

Impulsara la isoapariencia: Todas las medicaciones con la misma composición tuvieran el mismo aspecto, tanto el comprimido o la cápsula (tamaño, color) como el envase (bote, blíster) y la caja (color, letras, tamaño): Si no es así, recetar por principio activo aumenta el riesgo de errores en la toma de medicación (sobretodo en personas mayores).

Posibilitara la “administración exacta”: Se pudiera recetar el número exacto de comprimidos de esa medicación concreta que, así, podría ser dispensado “a granel” evitando el acúmulo de medicación en los domicilios con el consiguiente gasto y riesgo sanitario: Si no es así, no es realmente dispensar por principio activo.

Cuando el 1 de noviembre entró en vigor el decreto de prescripción por principio activo reconozco que me dio cierto “coraje” (expresión sevillana, léase: me molestó, no me gustó…). Eso de “obligar”, ya de primeras no me parece bien, aunque sean “los jefes” (la administración).  Sobretodo cuando aún no habían cumplido con lo que yo llevaba esperando mucho tiempo: Su parte.

Pero ahora veo que, milagrosamente sospechosamente, ante la llegada del decreto la inmensa mayoría de las marcas comerciales, bajan ipso-facto los precios para así no perder el mercado. Y esto es algo que me cae bien.

Total, que yo receto igual que siempre pero ahora, gracias al decreto que tan poco me gusta (por concepto): A los pacientes les pueden dar la marca que piden (“porque entra en precio”), no tengo que robar el escaso tiempo de consulta en explicar a los pacientes lo que es la bioequivalencia (como me obligan…) y encima se ha conseguido una bajada de precio de los medicamentes. Pero la administración sigue sin cumplir su parte…

¿Debo estar contento con el decreto?

No lo sé. Sigo con mi conflicto interior.

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