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Gripes, catarros, salud… y consultas

Hoy he tenido el placer de conversar relajadamente en las noticias de mediodía de una cadena de televisión pública, en este caso Canal Sur TV – Andalucía TV, sobre salud. Hemos hablado de la gripe y los catarros, de cómo prevenirlos, de qué es la medicina de familia, de que no es tan malo automedicarse como lo pintan, de VIVIR… y muchas cosas más. He tratado de dar una adecuada información y, como siempre, hacerlo con HUMOR. Gracias por regalarme esa oportunidad.

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No por mucho madrugar…

Vivimos en la sociedad de la inmediatez, del ya, del ahora mismo… En la que el esperar a leer las noticias cuando salgan mañana publicadas en la prensa ha dado paso a la inmediatez de la prensa online o, más aún, de twitter; en la que no es que se haya cambiado el correo ordinario por el electrónico sino que este último te llega al móvil de forma instantánea; en la que las ollas rápidas y los microondas han ganado definitivamente la batalla al puchero y al cazo para calentar la
leche; en la que si google tarda 5 segundos más de la cuenta en darnos un resultado nos parece una eternidad…

Vivimos en una sociedad que vive demasiado rápido, con prisas. Huímos despavoridos del pasado y corremos desasosegados hacia el futuro quedando un presente apretado y fugaz que a menudo no nos satisface.

Y esto, como es de esperar, también ocurre en la salud: Y, por supuesto, en urgencias.

“Mi hijo tiene fiebre desde hace una hora”, “Me ha salido esta mañana esta ronchita en el brazo”, “Hace un rato me ha dado una punzada en la cabeza”, “Me duele la barriga desde hace media hora”, “He tenido un vómito”, “Me he despertado con mal cuerpo”…

Todos estos motivos de consulta son relativamente frecuentes en urgencias y tienen una característica común: Son “consultas resorte” o “consultas reflejas”, en las que un síntoma desencadena el reflejo automático de acudir al médico.

¿Y qué ocurre? Mientras antes mejor, ¿no?

No necesariamente. Exceptuando algunos síntomas muy concretos y que a nadie le pasan desapercibidos (dolor en el pecho, vómitos con sangre, heridas, pérdidas de conciencia, convulsiones, debilidad extrema…) en la mayoría de las ocasiones si consultamos “demasiado pronto” la consulta es o será poco fructífera o incluso perjudicial.

¿Por qué?

Por diversos motivos:
− A veces, el síntoma, desparece por sí sólo. Realmente ni siquiera hay enfermedad. Y si le damos un tiempo razonable desaparecerá. La ronchita se quita, la punzada en la cabeza no se repite, las náuseas se resuelven…Un éxito de la medicina.
− Otras veces, el síntoma aislado, aun siendo el debut de una enfermedad es aún insuficiente para ser valorado y por tanto no permite emitir un diagnóstico ni por supuesto un tratamiento. El niño tiene fiebre pero en la exploración no se encuentra nada más y el diagnóstico es sólo ése (fiebre de corta evolución), el vómito no sabemos aún si es algo pasajero o el incio de una gastroentertis (pero “no ha dado tiempo” a la aparición de diarrea, malestar…), el “mal cuerpo” sin otra sintomatología es difícil de diagnosticar…
− A menudo y en ambos supuestos anteriores, al no estar claro el origen y ante la demanda del paciente, se intenta hacer un tratamiento amplio que cubra varias opciones posibles y lleva a excesiva medicalización

Entonces, ¿cuánto espero?

− Depende de los síntomas, lógicamente, pero salvo que aparezca algún signo de gravedad parece razonable esperar al menos 48 h para ver si el síntoma persiste o si la enfermedad se manifiesta de forma suficientemente clara para poder valorarla y atenderla.

Y mientras que espero ¿qué hago?

Aplique el sentido común y, si es necesario, una automedicación responsable. Sí, ha leído usted bien. Automedicación pero responsable. Utilice antitérmicos si hay fiebre (mejor paracetamol que ibuprofeno), analgésicos para ese leve dolor (mejor paracetamol que ibuprofeno)…

No Automedicarse (Sí pero No)

Desde hace unos años se está llevando a cabo una campaña intensa a fin de concienciar a los ciudadanos de los riesgos de la automedicación. Esta iniciativa, fundamental y demandada por todos los sanitarios desde hace años, es básica para el desarrollo de la sanidad en nuestra sociedad. Pero como todo, tiene su lado perjudicial.

En una sociedad en la que con el paso de los años nos vamos acercando cada vez más a la cultura americana (no quedará mucho para que importemos la violencia en las aulas como ya hemos hecho con tantas y tantas cosas), donde el ciudadano ante un tropezón en la calle piensa antes en si puede demandar al “culpable” que en su propio estado de salud, donde prima aquello del “a que le denuncio”… En esta sociedad, los profesionales sanitarios estamos asistiendo a un rechazo por parte de la población de querer asumir un mínimo de responsabilidad sobre su salud y la de los suyos, poniendo así cualquier decisión en manos del médico o sanitario para que él, acierte o se equivoque y liberarse del peso de la responsabilidad.

Esta actitud es la causante, en gran parte, del mal uso (léase abuso) de algunas consultas médicas y, sobretodo, de los sistemas de urgencias tanto de atención primaria como hospitalarios. Esto ocasiona consultas del tipo “He recogido a mi hijo del colegio hace 20 minutos y lo he notado con fiebre, por eso vengo de urgencias”… “Me he arañado con un alambre en la pierna, era para ver si me curaban”… “”Tengo la nariz atascada de mocos”.

Yo recuerdo una época, y no hace tanto (he pasado hace poco la barrera de los 30), en la que mi madre si me daba fiebre me la bajaba con antitérmicos, y si me dolía la garganta me daba algún calmante o algún jarabe de esos para la tos mágicos que sólo conocían las madres-médicos… Y sólo si la cosa se prolongaba en el tiempo o me veía que no jugaba, que estaba muy quejoso… sólo entonces me llevaba al médico. Y eso mismo aprendí yo (y la mayoría de los de mi generación) y actuamos como tales cuando cumplimos algunos años y si nos dolía la garganta nos tomábamos un paracetamol o una aspirina y si teníamos mocos… pues nos sonábamos la nariz ¡qué caramba!.

Sí, es cierto que mi madre, con demasiada frecuencia, me dio el famoso Clamoxyl mucolítico (hoy relegado al grupo de medicamentos sin una eficacia demostrada). Y eso hay que controlarlo, y ha sido tan fácil como prohibir la venta de antibióticos en la farmacia si no se aporta la necesaria receta médica (medida aplaudida por la profesión médica).

Pero no es menos cierto que la población cada vez decide menos, no quiere ninguna responsabilidad “no sea que…”.

Si no nos tiembla el pulso a la hora de decidir sobre la educación de nuestros hijos, a la hora de decidir si fumamos, si bebemos alcohol, si conducimos a 150 km/h, si estudiamos o decidimos ponernos a trabajar directamente… si asumimos esas responsabilidades ¿por qué no queremos asumir responsabilidad sobre nuestra salud?

Señores, no deben automedicarse (sí, pero no).


Mira el pajarito

@FernandoFabiani

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