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Olvida las “defensas bajas”: Es una mala racha

Cuando pasamos dos o tres procesos banales seguidos (dolor de garganta, herpes labial, gastroenteritis, catarros…) rápidamente pensamos que “tenemos bajas las defensas” y a poco que nos descuidemos nos vemos en el supermercado comprando yogures líquidos o en la farmacia comprando complejos vitamínicos… Déjalo. Es sólo una mala racha.

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A ver cómo tengo las defensas

La preocupación del paciente sobre las “defensas bajas” que ya ha tenido un hueco en “Ocurrencias médicas (Vol 1)” son repetidas y a menudo tienen dos efectos: La solicitud de hacerse un análisis y el consumo de preparados vitamínicos diversos…

defensas

Me gustaría hacerme un análisis para ver cómo tengo las defensas.

¿Qué es lo que le preocupa?

Es que en los últimamente me salen muchas llagas en la boca. Bueno, ¡y el herpes del labio que me sale cada dos por tres!. Debe ser que tengo las defensas muy bajas.

Verás, por eso no te preocupes. Es normal que haya rachas en las que esto ocurre con frecuencia y otras en las que durante meses o años no aparecen.

Por eso, será que se me han bajado las defensas y por eso salen.

No exactamente. Probablemente haya varios factores que hagan que pueda ser más frecuente como el estrés, la estación del año, cambios hormonales… Y sí, se podría decir que en cierto modo estamos un poco “más sensibles” a sufrir algunas molestias pero en ningún caso podemos hablar de defensas bajas y por supuesto, nunca va a aparecer en un análisis.

¿No? ¿En el análisis no salen las defensas?

Así como las dices no, pueden aparecer enfermedades graves, situaciones reales de inmunodeficiencia pero que se asocian a problemas mucho más serios que esas llagas de repetición o unos herpes seguidos. Pero esta “predisposición o mala racha” de ahora, no aparecerá de ninguna forma en los análisis.

Qué poco le gusta pedir análisis!. Pero como hace ya casi un año que no me hago ninguno…

Bueno, no te preocupes, tampoco es necesario hacerse análisis “de revisión” o de rutina salvo en casos concretos.

Bueno, me tomo entonces algún preparado vitamínico ¿no? ¿Cuál me recomienda?

Ninguno. Realmente, tomar una dosis suplementaria de vitaminas cuando no las necesitamos no nos aporta nada. Puedes evitarte el gasto.

Bueno, pues a esperar que dejen de salir  ¿no?

Sí, ya verás como muy pronto. Y las rachas en las que no aparece son muchísimo más largas… pero el tiempo pasa más rápido.

Ocurrencias médicas (vol 1)

A veces, un médico o un enfermero, o quizá fue un paciente… (aunque me inclino por lo primero) tiene una ocurrencia feliz, médica en este caso, y a la hora de tratar de transmitirle a un paciente una idea o un mensaje decide innovar, crea una expresión con la que cree que puede hacer más fácil la comprensión por parte del paciente. Pero esa ocurrencia a veces no es tan feliz…

“Las carnes despegadas”

Aquí en Sevilla, e imagino que también en Andalucía (desconozco si en el resto del territorio nacional) es frecuente que cuando un paciente recibe un traumatismo costal (golpe en el pecho) y no hay fractura, con la intención de explicar al paciente que, aun no habiendo fractura, es una lesión bastante dolorosa… salga a relucir la famosa expresión “las carnes despegás”. ¿A quién se le ocurriría esa expresión?. Entiendo que fue una forma de explicar que las costillas golpeadas, aun no estando rotas, duelen y bastante. Y vaya si tuvo éxito.

– Bueno, pues no hay fractura.

– ¿No, doctor?

– No.

– Y si no está roto… ¿por qué me duele?

– Es que los golpes en las costillas son muy dolorosos, porque…

– Aaaahhh, las carnes despegás, vamos.

La famosa expresión, que a mí reconozco me hace bastante gracia por lo que tiene de ocurrente y de popular, consigue el propósito de facilitar la compresión del paciente de lo que le ocurre… aunque contribuya a a hacerle pensar que la carne se despega del hueso con los golpes y por eso duele… ¿hasta que vuelve a pegarse?.

Aclaremos: Las “carnes” no se despegan del hueso. Los golpes sobre las costillas suelen ser bastante dolorosos, en relación a sus terminaciones nerviosas y a ser una zona en contínuo movimiento (respiración, al hablar, con la tos, con movimientos…).

“Las defensas bajas”

Algún día, a alguien (probablemente de nuevo un sanitario) se le ocurrió que para hacer entender a un paciente que pasaba una mala racha (ya sabes, uno de esos inviernos que enganchas un catarro con otro) se le ocurrió decirle aquello de “tiene las defensas bajas”… y eso ya ha sido un no parar. Médicos que usan esa expresión para terminar rápido una explicación (¡basta ya, por favor!); pacientes que piden análisis para saber cómo están sus defensas… por si están bajas; empresas farmacéuticas y alimentarias que lanzan preparados vitamínicos y lácteos para “ayudar a tus defensas”…

– Vengo a que me haga un análisis.

– Dígame, ¿qué es los que le preocupa?

– Es que he tenido dos herpes y no salgo de un resfriado y me meto en otro… y quiero saber cómo tengo las defensas.

– …

Dicha expresión me parece muy poco afortunada sobretodo porque dificulta la comprensión del paciente del proceso de enfermar y ayuda a que se vea tentado a la realización de prueblas complementarias y a la toma de productos varios que arreglen su “problema”…

Aclaremos: No existe “tengo las defensas un poco bajas”, al menos no tal y como las entendemos. Desgraciadamente, en los casos en los que realmente  el sistema inmunitario (las defensas) está debilitado, como en las diferentes inmunodeficiencias, los problemas van más allá de un par de herpes o dos catarros mal curados y no se arregla con un yogur…

Próximamente: “Un principio de neumonía” y “Una fisura en el hueso”.


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