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Vengo sin Cita, el libro

La medicina de familia tiene un apellido, “comunitaria” (nuestra especialidad es Medicina familiar y comunitaria) que refleja entre otras cosas su papel esencial como educadores sanitarios.

¿Sería posible utilizar el HUMOR para ello?

En esta búsqueda de nuevas formas de comunicación e información sanitaria tengo la alegría de compartir con vosotros una iniciativa que vivo con ilusión.

La editorial Aguilar y Penguin Random House me han dado la oportunidad de compartir con vosotros…

“VENGO SIN CITA”

Un libro donde repaso la formación de los médicos, nuestro paso por la facultad, el MIR, nuestras primeras guardias, cómo es ser médico en casa o con los amigos… Con nuestros miedos, vivencias, inseguridades y anécdotas. También una revisión a cómo es una centro de salud qué se vive en las salas de espera, cómo son las salidas en la ambulancia, qué ocurre cuando el ambiente se caldea… Y, cómo no, repasar algunos de los motivos de consulta más frecuentes y más importantes, cómo los expresan y los viven los pacientes cuando acuden a nuestras consultas y aprovechar para dar unas breves trazas y consejos de salud.

Pero no lo haré yo sólo.

Me acompañan Laura Santolaya (@p8ladas) con sus geniales ilustraciones, @dijoelpaciente con esas frases tan expresivas y mi amigo Manu Sánchez (@_ManuSanchez_) con un divertido prólogo.

¿Te apetece acercarte a conocer la medicina de familia con una sonrisa?

 

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Siete razones para no ser médico de familia y una sola para serlo

Siete razones para no ser médico de familia y una sola para serlo
(Inspirado, salvando todas las distancias, en “Siete razones para no escribir novelas y una sola para escribirlas” de Javier Marías)

Se me ocurren las siguientes razones para no ser médico de familia hoy en día:

Primera. Hay muchísimas especialidades médicas que visten más, que tienen más prestigio social, que son mejor consideradas por el común de los ciudadanos y tus propios amigos. Puedes hacer una breve encuesta en tu bloque y verás que la mayoría de tus vecinos ni siquiera saben que la medicina de familia es una especialidad.

Segunda. El hospitalocentrismo presupuestario. El gasto en atención primaria crece menos (o decrece más) que el gasto hospitalario tanto en épocas de bonanza económica como en épocas de crisis. Pese a que múltiples entidades recomiendan invertir en una atención primaria de calidad como mejor forma de mejorar la salud de la población, la “brillantez” y la “innovación tecnológica” hospitalaria hacen decantarse hacia allá la balanza de la inversión.

Tercera. La carga de tareas administrativas que te puede llevar algunos días a dudar de cuál es realmente tu trabajo. Todo acto médico que llevas a cabo (diagnóstico, preventivo, terapéutico…) lleva asociado el consiguiente papeleo y cualquier profesional no sanitario, cualquiera, se siente con legitimidad para exigir un informe/papel/justificante del médico de familia (profesores, entrenadores de deportes, funcionarios de empleo, líneas aéreas, empresas, mutuas, universidades, tribunales de oposiciones, responsables de prácticas, abogados…).

Cuarta. La gestión de tu tiempo. Todo tu tiempo es para “pasar consulta”, ¿para qué si no?. Hasta el punto que si tu agenda no ocupa de principio a fin tu horario laboral, serás sospechoso de dejación de funciones. Porque allí, el estudio de casos, la investigación, el tiempo para consultas programadas más prolongadas y algo esencial en la medicina de familia, la atención domiciliaria, pasan a un segundo, tercer o indeterminado lugar. Y si aun así no es suficiente la solución es fácil, bajar el tiempo por paciente a 7 por minuto, 6 por minuto, 5 por minuto… lo que sea necesario para que todos “quepan” en tu agenda.

Quinta. Raramente aparecerás en las noticias salvo en las epidemias de gripe donde piden que vayan a verte a ti para no saturar las urgencias de los hospitales. A nivel informativo vende más un trasplante de cara, la separación de dos siameses o un reimplante de un párpado que acompañar en sus últimos momentos a alguien que muere en su domicilio, ayudar a una familia desestructurada, atender un duelo no resuelto, tener presentes los problemas sociales, prevenir nuevos embarazos no deseados… ¡ah! y diagnosticar y resolver el 80% de los problemas de salud de los pacientes.

Sexta. Muchos compañeros de otras especialidades médicas, no todos afortunadamente, no se dirigen a ti en relación de igualdad, como cuando hacen una interconsulta a otros compañeros hospitalarios pidiendo su criterio sino que delegan en ti hacer control de lo que ellos proponen, seguir recetando lo que ellos indican, solicitar el análisis que ellos estiman, volver a citarlos con ellos cuando ellos recomiendan… a veces de forma más sutil y elegante y otras con un “y que su médico no le cambie este tratamiento”.

Séptima. El ordenador ha pasado de ser un medio para convertirse en un fin. Como vuelta de tuerca perversa a “la mujer del césar” en este caso ni siquiera parece ser necesario ser bueno, sino que basta con parecerlo; lo realmente importante (porque es lo único que saben medir) es que esté bien registrado… y al final, sus grandes beneficios quedan empañados por la esclavitud de su mala gestión. ¿Cómo van a valorar si haces un buen seguimiento a tus pacientes si no pueden medirlo?.

Y esto me lleva a la única razón que veo para elegir ser Médico de Familia, muy poca cosa comparada con las anteriores siete, y sin duda en contradicción con alguna de ellas:

Primera y última. Ser médico de familia significa que tus pacientes te llamarán “mi médico”. ¿Y qué significa eso?. Significa ser el médico al que pueden acudir en cualquier momento sin ningún tipo de intermediario; ser el médico al que pueden consultar no sólo por enfermedades reconocidas como tales sino por todo lo que les reste salud ya sean problemas físicos, psíquicos, sociales, emocionales, miedos, angustias…; ser el médico a quien acudir cuando tengan dudas, cuando no comprendan cualquier cosa o información sobre su salud que reciban del sistema sanitario; ser el médico que les acompañe y oriente en el embarazo y nacimiento de sus hijos y en los últimos días y el fallecimiento de sus padres; ser el médico delante del que llorar no te haga sentir extraño; ser el médico que pueda tranquilizarles con una palabra; ser el médico que les de una mala noticia cara a cara haciéndole saber que no estarán solos en ese camino; ser el médico que los acompañe en los últimos momentos evitándoles sufrimiento y facilitando que la despedida sea en su propia casa…

Y aunque esto pueda verse empañado por las siete razones anteriores, no resta un ápice de grandeza al regalo que supone que alguien se refiera a ti como “mi médico.

12 de Abril. Día de la Atención Primaria.

Elegí ser sólo Médico de Familia #EligeMFyC

Cuando comencé la carrera ya pensaba en ello. Quería ser médico, pero en mayúsculas. Ese médico “de toda la vida”, en el que puedes confiar y con el que puedes consultar cualquier cosa. Ese que te conoce y con el que a menudo sobran las palabras. Con el que a menudo basta con una mirada…

El transcurso de la carrera no cambió esa idea. Mi notable éxito en la convocatoria MIR a la que me presenté tampoco (corría el curso 99/00 y había una convocatoria sólo para MFyC y otra para el resto de especialidades)… “¡¿que has sacado un 300?! entonces no te quedarás con familia, ¿no? ¡¡irás a por alguna otra especialidad!!”… Algún antiguo profesor de la carrera con quien me crucé en esas semanas llegó a decirme sin reparo “es una pena que con tu capacidad vayas a ser sólo Médico de Familia”…

¿Sólo? ¿Cómo puede aplicarse la palabra sólo a la única especialidad que lo abarca TODO?

Pues aquí sigo, algunos años después, y encantado de seguir siendo sólo Médico de Familia.

Sí, soy sólo Médico de Familia, ¿te parece poco? A mí, me parece todo.

Si a ti, futuro residente, también te lo parece, no lo dudes, #EligeMFyC


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@FernandoFabiani

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