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Como lo traigas lo tendré que explorar

A raíz de un pequeño debate suscitado en twitter (¿dónde si no?) sobre cómo (in)formar a la población acerca del uso racional de los servicios sanitarios me he decidido a compartir con vosotros el presente post.

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Queridos padres:

Os pido disculpas porque os lanzamos mensajes contradictorios y luego, encima, nos quejamos de que no lo hacéis bien. Como bien sabéis, cuando vuestro hijo tiene fiebre, no es necesario correr a urgencias como alma que lleva el diablo. Si el niño tiene un buen estado general y no hay signos de alarma, no es necesario llevarlo al pediatra salvo que la fiebre siga más allá de 48-72 h (decálogo de la fiebre de AEPap).

Hasta ahí, bien. Parece fácil.

Pero habréis comprobado que si, pese a que os recomendamos eso, acudís a urgencias con vuestro hijo por una fiebre simple de hace 3 horas, el médico que os atiende, lo explora a vuestro hijo de arriba abajo (signos meníngeos, estado de la piel, garganta, oídos, auscultación cardiopulmonar, abdomen, ganglios…) algo que para él no es especialmente agradable. Sólo después de explorarlo de arriba abajo, os dice (lo más habitual): “De momento es una fiebre sin foco… aún no ha dado la cara… antitérmicos y si aparece algún síntoma nuevo o la fiebre dura más de 2 o 3 días… consulte con su pediatra”.

Es decir: “No es necesario que traigas a tu niño por 4 horas de fiebre” pero si lo traes, no os decimos nada sin antes explorarlo de arriba abajo.

Imagino que os preguntaréis:

“¿En qué quedamos? Así que no tenemos que llevar al niño al médico, pero si lo llevamos, el médico para decirnos que no es importante debe explorarlo de arriba abajo… ¿Y cómo lo se yo sin explorarlo?”

Y tenéis toda la razón. Es un contrasentido. Pero tiene mal arreglo. Los médicos estamos “programados” para valorar sistemáticamente a los niños y, una vez solicitáis su atención, la hacemos tal cual. Pese a que la consideremos innecesaria. ¿Inercia?. ¿Estamos así entrenados?. ¿Medicina defensiva?. ¿Cumplir vuestras expectativas?. Probablemente una mezcla de todo.

¿Entonces?

No traigas a tu hijo por esa fiebre de horas de evolución si tiene buen estado general. No lo traigas, no hace falta. Porque, como lo traigas, lo tendré que explorar.

 

PD.- Mi hija pequeña lleva dos días con fiebre, pero no para de correr cuando le baja la temperatura. Aún no la he explorado. Mañana quizá si sigue con fiebre.

No por mucho madrugar…

Vivimos en la sociedad de la inmediatez, del ya, del ahora mismo… En la que el esperar a leer las noticias cuando salgan mañana publicadas en la prensa ha dado paso a la inmediatez de la prensa online o, más aún, de twitter; en la que no es que se haya cambiado el correo ordinario por el electrónico sino que este último te llega al móvil de forma instantánea; en la que las ollas rápidas y los microondas han ganado definitivamente la batalla al puchero y al cazo para calentar la
leche; en la que si google tarda 5 segundos más de la cuenta en darnos un resultado nos parece una eternidad…

Vivimos en una sociedad que vive demasiado rápido, con prisas. Huímos despavoridos del pasado y corremos desasosegados hacia el futuro quedando un presente apretado y fugaz que a menudo no nos satisface.

Y esto, como es de esperar, también ocurre en la salud: Y, por supuesto, en urgencias.

“Mi hijo tiene fiebre desde hace una hora”, “Me ha salido esta mañana esta ronchita en el brazo”, “Hace un rato me ha dado una punzada en la cabeza”, “Me duele la barriga desde hace media hora”, “He tenido un vómito”, “Me he despertado con mal cuerpo”…

Todos estos motivos de consulta son relativamente frecuentes en urgencias y tienen una característica común: Son “consultas resorte” o “consultas reflejas”, en las que un síntoma desencadena el reflejo automático de acudir al médico.

¿Y qué ocurre? Mientras antes mejor, ¿no?

No necesariamente. Exceptuando algunos síntomas muy concretos y que a nadie le pasan desapercibidos (dolor en el pecho, vómitos con sangre, heridas, pérdidas de conciencia, convulsiones, debilidad extrema…) en la mayoría de las ocasiones si consultamos “demasiado pronto” la consulta es o será poco fructífera o incluso perjudicial.

¿Por qué?

Por diversos motivos:
− A veces, el síntoma, desparece por sí sólo. Realmente ni siquiera hay enfermedad. Y si le damos un tiempo razonable desaparecerá. La ronchita se quita, la punzada en la cabeza no se repite, las náuseas se resuelven…Un éxito de la medicina.
− Otras veces, el síntoma aislado, aun siendo el debut de una enfermedad es aún insuficiente para ser valorado y por tanto no permite emitir un diagnóstico ni por supuesto un tratamiento. El niño tiene fiebre pero en la exploración no se encuentra nada más y el diagnóstico es sólo ése (fiebre de corta evolución), el vómito no sabemos aún si es algo pasajero o el incio de una gastroentertis (pero “no ha dado tiempo” a la aparición de diarrea, malestar…), el “mal cuerpo” sin otra sintomatología es difícil de diagnosticar…
− A menudo y en ambos supuestos anteriores, al no estar claro el origen y ante la demanda del paciente, se intenta hacer un tratamiento amplio que cubra varias opciones posibles y lleva a excesiva medicalización

Entonces, ¿cuánto espero?

− Depende de los síntomas, lógicamente, pero salvo que aparezca algún signo de gravedad parece razonable esperar al menos 48 h para ver si el síntoma persiste o si la enfermedad se manifiesta de forma suficientemente clara para poder valorarla y atenderla.

Y mientras que espero ¿qué hago?

Aplique el sentido común y, si es necesario, una automedicación responsable. Sí, ha leído usted bien. Automedicación pero responsable. Utilice antitérmicos si hay fiebre (mejor paracetamol que ibuprofeno), analgésicos para ese leve dolor (mejor paracetamol que ibuprofeno)…


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@FernandoFabiani

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