El lavavajillas

El otro día ocurrió en casa algo sorprendente. Pusimos el lavavajillas.

¿Y qué ocurrió?

Mientras funcionaba, estando en la cocina oímos algo “¿has oído que ruido? ¡qué raro! suena como si cayera un chorro de agua”… “¡uy! que raro!… “esto no suele sonar así me parece a mí”… “me parece que se ha roto”.

Acto seguido, tras debatir brevemente con nosotros mismos acerca de “lo raro que sonaba” (y pese a no tener claro cómo “suele sonar” porque nunca lo oímos) tomamos una decisión clara: Abrirlo.

Photo Credit: Álvaro Bueno via Compfight cc

Y nueva sorpresa “¡mira!, es que no desagua bien…” “¿has visto? hay agua en el fondo que no se traga”… “espera que quito el filtro”… “nada que no traga”… “¿no está por ahí la guía esa que compramos para desatascar el fregadero?”… “pues la guía no pasa”… “a ver, trae el chupón a ver si así…” … “esto bombea pero el agua sigue ahí”…

La siguiente decisión era evidente, sacar el lavavajillas para ver el tubo de desagüe, ¡ahí tenía que estar el problema!.

Tras retirarlo, la confusión fue a más “¡mira! por aquí está perdiendo agua!”… “sí, saca todos los productos de limpieza que aquí está cayendo agua”… “¡qué desastre!… “espera que desenchufo”… “así, quita el desagüe de la pared y metemos por aquí la guía”… “pues pasa sin problemas”…

¿Solución? “Vuelve a ponerlo en marcha a ver qué ocurre”

“¡Páralo!, ¡páralo! que pierde agua por aquí atrás!!” “Pero, ¿por dónde?, antes no salía” “Será del tubo de desagüe que estaba mal ajustado en la toma de la pared… pero la pared parece que está seca”

Nueva solución: ponerlo en marcha pero con el tubo de desagüe hacia el patio…

“Así vemos por dónde pierde el agua”… “Se queda parado a mitad del lavado… ¿qué le pasa ahora?”… “Pita, da como un error” “Sí, pita dos veces… en el manual ponía algo de eso” “Que no tiene presión de agua dice aquí… ¡¿Otra cosa?!”

La cosa estaba clara: “Esto es un desastre, claro es que ya tiene 7 años…” “Vamos a llamar al servicio técnico aunque igual no merece la pena… la reparación nos puede costar lo mismo que uno nuevo”…

Y llamamos al servicio técnico. En 48 horas vendrían a casa. Y entonces surgió la pregunta:

¿Y si no le pasa nada?

Volvimos a conectarlo todo, lo pusimos en su sitio y… ¡voilá! Funcionó sin un problema. Sí, sonaba un poco raro en algún momento pero “decidimos no echarle cuenta”, aceptar que era normal… Sigue funcionando a día de hoy.

¿Qué ocurrió con el lavavajillas?

Que por primera vez en mucho tiempo le prestamos atención a lo que sucedía. Mientras la mayoría de las veces lo ponemos y nos vamos de la cocina a otro lugar de la casa mientras él hace su trabajo en esta ocasión seguimos allí. Le prestamos “demasiada atención” y empezamos a analizar como posible problema pequeñas cosas que eran normales (esos “ruiditos”, ese agua en el fondo…).

Tras asumir que había un problema, cada cosa que hicimos (abrirlo a mitad del lavado, meter una guía, retirar de la toma de desagüe, ponerlo en el patio…), con toda nuestra buena intención, provocó algún nuevo problema u observar algo que de nuevo no sabíamos si era normal… y al final, la cascada de consecuencias llevó a convencernos de que estaba completamente arruinado.

Pues lo mismo puede ocurrirnos con nuestra salud.

Se calcula que los adultos tenemos un síntoma nuevo cada 4 días la mayoría de ellos sin importancia, sin causa conocida y autolimitados. Una excesiva atención a ellos puede generar en primer lugar preocupación y en segundo lugar la realización de pruebas y toma de medidas que pueden no sólo no ser beneficiosas sino incluso perjudiciales.

Pero quizá el ejemplo más claro es el que ocurre a raíz de un problema de salud o experiencia que lleva a centrar nuestra atención en aspectos a los que habitualmente no se la prestamos. Esto puede generar una cascada de acontecimientos de consecuencias importantes y que nunca debieron ponerse en marcha. No es raro, por ejemplo, que pacientes con lumbalgias preguntados por si sienten hormigueo empiecen a sentir hormigueo ese mismo día…

¿Qué hago entonces? ¿No me echo cuenta?

No prestar excesiva atención a pequeñas molestias o síntomas. El tiempo juega a nuestro favor. Sólo si persisten o van a más, consultarlo con el médico de familia y, sobretodo ¡disfrutar de la vida!. La vida es demasiado importante para preocuparse demasiado por ella. Que no pase como con el lavavajillas…

El cartel de la consulta

Hace apenas una semana, colgué este cartel en la puerta de mi consulta:

#CartelConsulta

Nunca nadie me ha pedido explicaciones aunque sí en ocasiones ha mostrado su descontento por entrar en consulta más tarde de la hora de cita prevista con frases del tipo “hoy lleva mucho retraso”… “va retrasadillo”… “por fin”.

Yo siempre he entendido su pesar y, de hecho, vivo con malestar el hecho de ir tarde respecto a la hora de entrada. Entiendo perfectamente que para las personas que lo sufren puede suponer un trastorno en mayor o menor medida.

Pero sin perjuicio de esto, lo que “no llevo tan bien” es la connotación de fracaso que aprecio implícita en el uso de la palabra RETRASO y en el tono con el que a veces es utilizado.

Pensé que utilizar un mensaje de este tipo ayudaría a ser más comprensivo y solidario con el resto de pacientes que, a menudo, precisan un tiempo mayor al previsto o al que permiten nuestras agendas (diseñadas por terceros).

¿Cuál ha sido la acogida?

Desde el día de su colocación, cada día, varios pacientes me agradecen/felicitan por haberlo puesto. También lo han hecho varios compañeros. Mi mayor sorpresa / satisfacción ha venido de una red social: Twitter. Colgué la foto del cartel y en 48 h ha sido retuiteado directamente 500 veces, otras tantas personas la marcaron como “FAV” (favorita) y también han sido centenares las menciones, respuestas y retuits indirectos…

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Muchas de ellas por otros profesionales sanitarios muchos de los cuales me han “solicitado” usarlo en la puerta de sus consultas: “A cambio” sólo les he pedido que compartan la foto del cartel en sus respectivas puertas para seguir difundiendo…

Otros muchos eran pacientes que agradecían la reflexión y el hecho de tener esa actitud de cara a atender a los pacientes

Algunos, los menos, han visto una oportunidad para debatir sobre el funcionamiento de la Atención Primaria (nunca es mal momento para debatir!!)

¿Yo? ¡¡Encantado con todos ellos!!

Pero eso no fue todo…

No, sólo 4 días después de redactar esta entrada, un diario en papel (sí, aún los hay en papel) se hizo eco de lo que fue denominado “tendencia en Sevilla”

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Y a las 48 horas, desde un medio de comunicación nacional se pusieron en contacto conmigo para incluir una entrevista en los informativos de la tarde… a partir de ahí, #CartelConsulta se ha hecho aún más viral (Facebook, twitter, grupos de Whatsapp…)

Dicho eso, aclaro:

– Siempre comienzo puntualmente la consulta (salvo causa mayor o despiste que trato de aceptar como humano que soy)

– Cuando llevo demora en la entrada en consulta suelo utilizar el breve descanso de 30 min de media mañana (“desayuno” le llaman) para recuperar el tiempo perdido.

¿Cómo me encuentro?

A pesar del cartel, sigo viviendo con malestar ir tarde en la consulta y cada día espero poder dar lo que necesita a cada paciente y que además entren “a su hora”. Si ambas no pueden ser, prefiero cumplir con la primera.

Tras el telón

Os presento a continuación, mi artículo redactado para la sección “Experiencias en positivo” de la revista “Noticias semFYC“. En él, me solicitaban, que hiciera un recorrido por lo que ha supuesto para mí la unión de Medicina y Teatro, Teatro y Medicina.
Espero que os guste
Tras el telón, por Fernando Fabiani

Subes al escenario, las tablas crujen bajo tus pies, el olor a madera y telón guardado, los murmullos tras el telón… y una sensación de soledad vigilada. Tras muchos ensayos, mucho tiempo de preparación, llega ese momento mágico en el que se va a abrir el telón, las inconfundibles mariposas te acarician el estómago como en una primera cita. Se hace el silencio. Se apagan las luces. Se abre el telón.

En el mundo del teatro decimos que, por mucha experiencia que tengas, por muchos años que lleves pisando los escenarios (yo llevo 25), el día que no sientas esas mariposas, esos nervios previos, esa agradable inquietud anticipatoria que te recuerda que te gusta lo que haces y que ¡estás vivo!… ese día, es mejor que dejes de subirte al
escenario.

¿Y no debe ocurrir lo mismo con nuestro trabajo diario en la consulta?

Si hay algo que aprendes necesariamente en el trabajo delante y detrás del telón es la importancia del grupo sobre la del individuo, es a trabajar en Equipo, con mayúsculas. Sí, es cierto que la cara visible es la del actor principal, pero qué importantes son esos secundarios, qué labor tan en la sombra la del director, qué imprescindibles los encargados de los más mínimos detalles, que el vestuario esté a punto, que no falte nada de atrezzo o mobiliario, que suene en su momento esa música que debe subrayar ese monólogo intimista, que haya una iluminación que no sólo permita que se vea sino que pinte la escena como si de un cuadro se tratara… trabajo en equipo para que la obra pueda salir adelante. “No estés parado si hay un compañero que está trabajando”.

¿Y no debe ocurrir lo mismo en nuestro equipo de trabajo?

En ocasiones, tras la representación vuelves a casa con un amargor en la boca. Las cosas no han salido como deseabas. Esa noche te cuesta trabajo conciliar el sueño y no paras de dar vueltas a lo que ocurrió en el escenario. En algunos casos incluso te inquieta volver a subirte al escenario por temor a que vuelvas a hacerlo mal. Hay quien nunca vuelve a hacerlo. Pero aprendes a aceptar tus errores, a asumir que es inevitable que ocurran, que ocurrirán y que lo importante es aceptarlos y aprender de cada uno de ellos.

¿Y no debe ocurrir lo mismo con los errores en nuestra actividad diaria?

En el teatro, como medio de comunicación, para conseguir que el público entienda, sienta, viva lo que ocurre en el escenario tienes que asegurarte de que utilizas todos los recursos comunicativos que tienes a tu disposición.

¿Y no debe ocurrir lo mismo con nuestra comunicación con los pacientes?

Cuando te enfrentas a un nuevo personaje, para prepararlo, para sentirlo, para ser capaz de meterte en  su piel, debes conocerlo: qué motivaciones tiene, qué miedos, qué expectativas y qué esperanzas. Debes empatizar con él, entender qué piensa y qué siente pero sin juzgarlo. Sin etiquetarlo. “No puedes hacer de malo, pensando que es el malo…”

¿Y no debe ocurrir lo mismo cuando nos acercamos a las vidas de nuestros pacientes?

Cuando los pacientes me descubren encima del escenario, se sorprenden gratamente. A nuestros pacientes les gusta que, además de sus médicos, seamos personas, cultivemos el arte y, por qué no, compartamos con ellos esos trocitos de vida

¿Cuándo fue la última vez que recomendaste ver una obra de teatro, leer un libro o escuchar una
canción?

Cuando los espectadores descubren que paso consulta me miran más extrañados. “¿Médico y actor? No puedo imaginarte en la consulta…”

Y es que, en general, a las personas les parece chocanteque se compatibilicenactividades como la medicina y el teatro, ciencias y letras (yo creo que la medicina tiene mucho de letras y el teatro mucho de ciencia). Para mí es esencial. En lo personal, en lo humano y el tiempo me viene demostrando que en el trabajo diario. ¿En qué sentido? Os enumero varios ejemplos…

–         Las herramientas comunicativas deberían ser fundamentales para cualquier médico pero para un médico de familia, más. ¿Cuánto vamos a tardar en implantar la comunicación en las facultades de medicina?

–         Fruto de esta conexión entre medicina y teatro han nacido mis sesiones formativas en “Cómo hacer presentaciones/sesiones clínicas creativas” inicialmente para residentes, después también para adjuntos, para otros profesionales sanitarios… y finalmente para no sanitarios. Me ha permitido encontrar la horma de mi zapato en el triángulo docencia-medicina-teatro. Gracias a eso he tenido la fortuna de ir de ponente a los dos congresos nacionales de nuestra sociedad en el último año  (XXXIV Congreso semFYC y 25º Congreso Nacional de Entrevista Clínica) y este mes de febrero a las jornadas nacionales de residentes y tutores entre otras muchas gratas experiencias.

–         En no pocas ocasiones he “prescrito” alguna obra de teatro a pacientes, como por ejemplo “Mejor… es posible” de Síndrome Clown y dirigida por mí (sí, reconozco el conflicto de intereses :)

–         Hace un año, desde la sanidad pública SÍ (os lo digo ahora que no nos oye nadie), y como actividad comunitaria, impartí un taller de teatro a mayores frágiles. Toda una experiencia. Sin duda hay mucho camino por recorrer fuera de nuestras consultas…

–         …

¿Médico y haces teatro? Sí, claro, no lo concibo de otra forma. ¿Y tú? ¿Qué haces además de pasar consulta?

“Dicen que la locura es mala: La locura del teatro no enferma, sana”.