Ocurrencias médicas (vol 4)

“Se tragó la lengua”

Tragarse la lengua (la propia) es algo imposible (¡salvo parcialmente y tras un buen bocado!!) pues, como todos podemos comprobar, está firmemente anclada en la boca.De nuevo una expresión popular que cumple todos los criterios para ser catalogado de “Ocurrencia médica”.

¿De dónde viene esta expresión?

Esta expresión hace referencia a algo que puede ocurrir y de hecho ocurre en la persona que queda inconsciente tumbada en el suelo. En esta situación de inconsciencia (la persona no responde pese a que lo llamemos y agitemos) la musculatura queda hipotónica (relajada, sin tono) y entre ella la de la vía aérea superior por lo que la lengua puede caer hacia atrás, desplazarse un poco, obstaculizando la entrada de aire. Por ocurrir en la persona inconsciente, puede tener consecuencias fatales: La muerte por asfixia.

¿Qué hacer en ese caso?

Lo ideal: Ponerlo, una vez que comprobamos que respira normalmente, en posición lateral de seguridad.

Si queremos solucionar rápidamente esta situación y asegurar que la vía aérea está abierta, podemos hacer la maniobra frente-mentón.

  

¿Qué puede tener de perverso el uso de esta expresión?

Al pensar que “se va a tragar la lengua” algunas personas pueden intentar sacársela con los dedos, ponerlo boca abajo, meterle un objeto en la boca… Nada de eso es necesario ni útil. 

Recuerda: Tragar la lengua (propia o ajena) no es posible si no va precedida de un buen mordisco previo ;) Para saber qué hacer en las personas inconscientes: Aprende RCP y ayuda a salvar vidas!!

Si no las viste antes: Ocurrencias médicas (vol 1) , Ocurrencias médicas (vol 2), Ocurrencias médicas (vol 3)

Elegí ser sólo Médico de Familia #EligeMFyC

Cuando comencé la carrera ya pensaba en ello. Quería ser médico, pero en mayúsculas. Ese médico “de toda la vida”, en el que puedes confiar y con el que puedes consultar cualquier cosa. Ese que te conoce y con el que a menudo sobran las palabras. Con el que a menudo basta con una mirada…

El transcurso de la carrera no cambió esa idea. Mi notable éxito en la convocatoria MIR a la que me presenté tampoco (corría el curso 99/00 y había una convocatoria sólo para MFyC y otra para el resto de especialidades)… “¡¿que has sacado un 300?! entonces no te quedarás con familia, ¿no? ¡¡irás a por alguna otra especialidad!!”… Algún antiguo profesor de la carrera con quien me crucé en esas semanas llegó a decirme sin reparo “es una pena que con tu capacidad vayas a ser sólo Médico de Familia”…

¿Sólo? ¿Cómo puede aplicarse la palabra sólo a la única especialidad que lo abarca TODO?

Pues aquí sigo, algunos años después, y encantado de seguir siendo sólo Médico de Familia.

Sí, soy sólo Médico de Familia, ¿te parece poco? A mí, me parece todo.

Si a ti, futuro residente, también te lo parece, no lo dudes, #EligeMFyC

El lavavajillas

El otro día ocurrió en casa algo sorprendente. Pusimos el lavavajillas.

¿Y qué ocurrió?

Mientras funcionaba, estando en la cocina oímos algo “¿has oído que ruido? ¡qué raro! suena como si cayera un chorro de agua”… “¡uy! que raro!… “esto no suele sonar así me parece a mí”… “me parece que se ha roto”.

Acto seguido, tras debatir brevemente con nosotros mismos acerca de “lo raro que sonaba” (y pese a no tener claro cómo “suele sonar” porque nunca lo oímos) tomamos una decisión clara: Abrirlo.

Photo Credit: Álvaro Bueno via Compfight cc

Y nueva sorpresa “¡mira!, es que no desagua bien…” “¿has visto? hay agua en el fondo que no se traga”… “espera que quito el filtro”… “nada que no traga”… “¿no está por ahí la guía esa que compramos para desatascar el fregadero?”… “pues la guía no pasa”… “a ver, trae el chupón a ver si así…” … “esto bombea pero el agua sigue ahí”…

La siguiente decisión era evidente, sacar el lavavajillas para ver el tubo de desagüe, ¡ahí tenía que estar el problema!.

Tras retirarlo, la confusión fue a más “¡mira! por aquí está perdiendo agua!”… “sí, saca todos los productos de limpieza que aquí está cayendo agua”… “¡qué desastre!… “espera que desenchufo”… “así, quita el desagüe de la pared y metemos por aquí la guía”… “pues pasa sin problemas”…

¿Solución? “Vuelve a ponerlo en marcha a ver qué ocurre”

“¡Páralo!, ¡páralo! que pierde agua por aquí atrás!!” “Pero, ¿por dónde?, antes no salía” “Será del tubo de desagüe que estaba mal ajustado en la toma de la pared… pero la pared parece que está seca”

Nueva solución: ponerlo en marcha pero con el tubo de desagüe hacia el patio…

“Así vemos por dónde pierde el agua”… “Se queda parado a mitad del lavado… ¿qué le pasa ahora?”… “Pita, da como un error” “Sí, pita dos veces… en el manual ponía algo de eso” “Que no tiene presión de agua dice aquí… ¡¿Otra cosa?!”

La cosa estaba clara: “Esto es un desastre, claro es que ya tiene 7 años…” “Vamos a llamar al servicio técnico aunque igual no merece la pena… la reparación nos puede costar lo mismo que uno nuevo”…

Y llamamos al servicio técnico. En 48 horas vendrían a casa. Y entonces surgió la pregunta:

¿Y si no le pasa nada?

Volvimos a conectarlo todo, lo pusimos en su sitio y… ¡voilá! Funcionó sin un problema. Sí, sonaba un poco raro en algún momento pero “decidimos no echarle cuenta”, aceptar que era normal… Sigue funcionando a día de hoy.

¿Qué ocurrió con el lavavajillas?

Que por primera vez en mucho tiempo le prestamos atención a lo que sucedía. Mientras la mayoría de las veces lo ponemos y nos vamos de la cocina a otro lugar de la casa mientras él hace su trabajo en esta ocasión seguimos allí. Le prestamos “demasiada atención” y empezamos a analizar como posible problema pequeñas cosas que eran normales (esos “ruiditos”, ese agua en el fondo…).

Tras asumir que había un problema, cada cosa que hicimos (abrirlo a mitad del lavado, meter una guía, retirar de la toma de desagüe, ponerlo en el patio…), con toda nuestra buena intención, provocó algún nuevo problema u observar algo que de nuevo no sabíamos si era normal… y al final, la cascada de consecuencias llevó a convencernos de que estaba completamente arruinado.

Pues lo mismo puede ocurrirnos con nuestra salud.

Se calcula que los adultos tenemos un síntoma nuevo cada 4 días la mayoría de ellos sin importancia, sin causa conocida y autolimitados. Una excesiva atención a ellos puede generar en primer lugar preocupación y en segundo lugar la realización de pruebas y toma de medidas que pueden no sólo no ser beneficiosas sino incluso perjudiciales.

Pero quizá el ejemplo más claro es el que ocurre a raíz de un problema de salud o experiencia que lleva a centrar nuestra atención en aspectos a los que habitualmente no se la prestamos. Esto puede generar una cascada de acontecimientos de consecuencias importantes y que nunca debieron ponerse en marcha. No es raro, por ejemplo, que pacientes con lumbalgias preguntados por si sienten hormigueo empiecen a sentir hormigueo ese mismo día…

¿Qué hago entonces? ¿No me echo cuenta?

No prestar excesiva atención a pequeñas molestias o síntomas. El tiempo juega a nuestro favor. Sólo si persisten o van a más, consultarlo con el médico de familia y, sobretodo ¡disfrutar de la vida!. La vida es demasiado importante para preocuparse demasiado por ella. Que no pase como con el lavavajillas…